miércoles, 25 de enero de 2012


Abres los ojos. Silencio. Te volteas; te tapas la cara; bostezas. Silencio. El sol pegando contra la ventana, ¿qué hora es? 7:30 am. Te estiras; te amarras el pelo; te acomodas el pantaloncito. Tú y tu aliento mañanero. Silencio. Orinas; comes; te echas en el suelo; te estiras y otra vez te tiras al suelo. ¡Que lindo es el silencio! Música. Si, quieres música. ¿Bailar? ¿cantar? Haces las dos, estás sola, no importa. La próxima canción la bailas desnuda mientras preparas el agua caliente.
La sensación de tener los dedos untados de góticas de agua caliente. La ducha; el espejo; la puerta de vidrio; Louis Prima; el shampoo y el vientecito helado que te toca las piernas.  Dejas que el agua te toque la cabeza, los hombros, los omóplatos, los codos, los senos, el ombligo, la pelvis, los muslo, las piernas, las rodillas. Estás llena de agua hasta la planta de los pies, igual sigues cantando, esta vez un poco más alto. Te miras. Los senos no te han crecido, las uñas de los pies si. 
Caminas de un lado al otro, piensas en esto y aquello. No importa. Quizás hoy estás un poco ansiosa; quizás lo piensas en ráfagas de imágenes; quizás no te importa pensarlo; quizás no quieras pensar. No piensas, cantas. Cierto, no sabes cantar pero hoy no importa.  
Silencio, estás sola. 
¡Que lindo es el silencio!  

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