Partamos de que La Chica, nuestra protagonista, es distraída. Está en clase, si, pero las uñas largas-bien pintadas de su compañera, la caspa, el pantalón del vecino, el esfero y la voz - que llamaremos la voz de su hipotalamo- la hacen perder la cuerda. Para ambientarnos vamos a escuchar una canción, siempre hay que tener una canción a la mano: http://www.youtube.com/watch?v=0I6xkVRWzCY
La Chica tiene el pelo enredado y sucio, hoy no tiene gafas porque ella y su amiga... bueno, la historia de sus gafas no nos importa. Sucede que la chica llevaba un buen tiempo enrollada en cobijas. paredes blancas con recortes, bombillos pálidos a punto de quebrarse, aretes sin par y ¡uf! un montón de ropa sucia. Palabras más palabras menos, estaba metida en un caja de sardinas con todo y mal olor. Debido a las sardinas, a la chica se le olvidó hablar, caminaba poco - una caja de sardinas no es el lugar más apto para esta actividad-, no enfocaba, se le encarnaban las uñas y estaba pálida por falta de sol. A veces, unos cuantos buenos amigos, golpeaban en su ventana pero ella olía tanto a sardinas que wuakala. Un día llegó a oler a compota de cebolla y ajos. ¡Ah! Les cuento, nuestra protagonista odia la cebolla, las brevas y el chontaduro. Entonces esa vez hasta ella misma quería huir. Rompió un montón de gafas en ese proceso.
Sin embargo, un día la chica se asomó por la ventana y vio un avión pasar detrás del edificio de enfrente al lado de la casa blanca debajo de los tres tanques de agua y le gustó y se quedó mirando. Aclaremos que la lata de sardinas tiene un hueco en forma de ventana, ¿se lo imagina? Eso, algo así. La chica se quedó mirando y de un avión salió Otra Chica y otra y otra y otra y un montón de chicos. La protagonista de nuestra historia compró un abre latas, se bañó y bueno, aquí podemos decir: "En un lugar muy muy lejano existía la Princesa Triste, era la princesa más triste que te puedas imaginar, vivía en la punta de una torre que no tenía puertas y para colmo, la Princesa Triste no tenía el pelo de Rapulzel. Pero un día, soleado lleno de flores, apareció un Caballero y un Mago en un tractor y derrumbaron la torre, aunque la Princesa Triste casi es aplastada por el derrumbe, se fue en el tractor con el Caballero y el Mago. Ahora son felices y comen perdices. Fin." Pero no, querido público así no fue.
Su amiga, la Otra Chica, le peinó el pelo negro. Así pasaron unos cuantos días. Un día nuestra chica salió con un lindo vestido, medias amarillas y maletica a tomar el sol y empezó a tararear el solecito me calienta el esqueletico, el pastico me sirve de tapetico, los treboles me brindarán su suerte, que lindo es a mi lado tenerte - para mayor información: http://www.youtube.com/watch?v=Sm_gXxZVqAw- Estaba sonríente, de maravilla. Miraba a todos lados, que el mosquito, el verde de las hojas, las cosquillas en los pies, que la danza contemporánea y apretar las nalgas, el cielo azul, las muecas, el super bonder, bailar, la gente, las listas, las bitácoras, y las mejillas morenitas y los rayos de sol. Se tomó tan enserio el sol que en la noche tenía los cacheticos rojitos y negritos bastante negritos.
En este momento, nuestra chica va en un bus. Al fondo una canción, siempre hay una sinfonía para adolescentes que retumba y le tumba la cabeza hacia el vidrio sucio. Sonríe.
Aunque nuestra chica no tiene las uñas pintandas, ni limadas, ni organizadas está comprando chocolates. ¡Chocolates! ¡Chocolates! Compañeros, ¡Chocolates!
Sonríe, sólo le falta limarse-pintarse las uñas. Sonríe. Sonríe. Sonríe. Sonríe. Sonríe.
¿Y la Otra Chica no viaja en bus en algún paraje cerca?
ResponderEliminarQuiero saber si esta estructura de la euforia que tanto me encanta, muy tú, puede traer consigo cierta muestra de mesura. Un poquito de tijera le echaría yo, pero no soy estilista.